De cruz al sur: el primer y sufrido cruce de la isla Georgia del sur

Por Enrique Marmentini | 30 AGO 2024


Piloto Luis Pardo Villalón y Ernest Shackleton (a su Izquierda) junto a la tripulación rescatada del «Endurance» FUENTE: Armada de Chile.

Una última oportunidad, la última bala del cargador. Eso representaba la misión comandada por el Piloto 1° Luis Pardo Villalón, encomendado en agosto de 1916 con el rescate de los hombres del explorador irlandés Ernest Shackleton – quienes estaban varados en la Antártica- en uno de los rescates más desesperados y exitosos de los que se tenga memoria.

Carismático explorador y hombre de mar, Shackleton estaba a punto de iniciar el primer cruce íntegro al Continente Blanco por tierra -en el marco de la Expedición Imperial Trans-Antártica- cuando se vio atrapado en las terroríficas aguas del mar de Weddell junto a su tripulación de 27 hombres. Hasta ahí llegó la expedición que tenía como objetivo primero la  gloria exploratoria de ser los primeros: de ahí en adelante, el trabajo para Shackleton y su equipo se trataba ante todo de salir de allí. Como fuese. Y estaban muy, muy lejos de poder lograrlo.

Antes de tener que suplicarle a la Armada chilena por ayuda, tanto una embarcación uruguaya llamada Instituto de Pesca No.1 -así como la goleta chilena Emma- ya habían intentado ir por los maltrechos hombres de Shackleton, sin éxito; su pellejo dependía, desde el momento en que fallaron estos intentos de rescate, enteramente de la tripulación a bordo de un mal equipado escampavías llamado Yelcho, al mando de Pardo Villalón. Acompañado de Shackleton y Worsley, Pardo fue capaz de rescatar a todos los hombres varados en el infierno blanco de la Isla Elefante, aquel sombrío lugar donde sobrellevaron una brutal letanía de 128 días, en una operación rauda y eficaz.

Con justa razón celebramos y recordamos el feliz desenlace de esta epopeya: Shackleton y todo su séquito de vuelta a tierra firme y a la civilización gracias a la ayuda fundamental del tenaz piloto Pardo; una de las grandes historias de la exploración moderna y con todos los condimentos de una épica. La última bala del cargador efectivamente dio en su blanco.

Pero tan larga fue la lucha y tan milagroso el desenlace, que mucho de lo que constituyó el grueso de la batalla ha quedado más bien olvidado. Es el caso del primer cruce de la isla Georgia del Sur, uno de los pasos obligados que debió dar Shackleton para que finalmente alguien -quién fuese- fuera a buscar a su tripulación a la isla Elefante.

Anterior: El Yelcho entrando a Punta Arenas con toda la tripulación del Shackleton a bordo. Fuente: Rubén Brito Araya, 1916. | Actual: Desfile en honor al Piloto Luis Pardo Villalón en Punta Arenas. FUENTE: http://www.chileparaninos.gob.cl

LA CRUZ DE LA ISLA

Corría abril de 1916, y la mayor parte del contingente de Ernest Shackleton esperaba que alguien fuera por su rescate definitivo en la isla Elefante, ubicada a 1300 kilómetros de Punta Arenas; allí quedaron aislados luego que su embarcación -la Endurance– haya sido en un principio atrapada, y finalmente destruida, por los hielos marinos antárticos.

La isla Elefante es un territorio desolado, rara vez visitado por almas humanas que pudieran dar rescate a Shackleton y compañía. Si querían salir de allí, tendrían que salir a buscar ayuda. Para ello, el bote salvavidas James Caird fue utilizado para poder llegar a la isla Georgia del Sur, donde existían operaciones balleneras, la clave para poder finalmente volver a la civilización. Fueron 1300 kilómetros  de recorrido en un maltraído bote de socorro que a duras penas se mantenía a flote.

Shackleton desembarcó en la costa sur de Georgia del Sur en mayo de 1916, junto a un contingente compuesto por Frank Worsley, Thomas Crean, Harry McNish, John Vincent y Timothy McCarthy. La misión era llegar a la costa norte de la isla, donde estaba la estación ballenera de Stromness -último puerto de escala del Endurance antes de verse atrapada en los hielos del sur- y donde sabían que se encontrarán con otras almas.

Anterior: Lanzando al agua el bote salvavidas «James Caird» en dirección a la isla Georgia del Sur con Shackleton, Frank Worsley, Tom Crean, Tim McCarthy, John Vincent y Harry «Chippy» McNish a bordo. | Actual: La tripulación restante (22 hombres) despiden al James Caird desde isla Elefante. FUENTE: Frank Hurley, 1916.

El problema era llegar hasta allí. Aproximadamente 40 kilómetros los separaban de la estación de Stromness, a través de un complicado terreno de montaña. Atravesar el cordón San Telmo (Allardyce range en inglés), que se eleva hasta alturas de casi tres mil metros, era la única opción: ni las fuerzas físicas ni el material les daban para navegar bordeando la costa. McNish, Vincent y McCarthy esperaron, mientras que Shackleton, Worsley y Crean se vieron obligados a cruzar un terreno desconocido para el ser humano, espantoso, y sin un mapa que los orientase. Una tormenta el día 18 de mayo retrasó su partida, pero a las 3 de la mañana del 19 el trío ya se encontraba en movimiento. Llevaron consigo comida para 3 días, 2 brújulas, un par de binoculares, una pequeña cocinilla, cuerda y un solo piolet para los tres.

Desde un principio se encontraron con dificultades. Primero, en forma de una profunda nieve que los obligó a ir abriendo una tortuosa huella. Además, una densa niebla los obligó a encordarse. Tras 13 horas de movimiento, escalando y desescalando hasta lo que parecían ser pasos entre las montañas hacia el otro lado de la isla, a los hombres les quedaba una sola oportunidad antes de que llegase la noche, y con ella el cansancio y la hipotermia. Estaban en lo alto del cuarto paso que probaban, y necesitaban bajar de forma urgente de altura antes de la llegada de la penumbra, pero la pendiente era fuertísima. Era la hora de las ideas desesperadas, y a Shackleton se le ocurrió que la cuerda que tenían sería convertida en un trineo de emergencia. ¡Funcionó! Abrazados los tres, se lanzaron por la pendiente, sin saber qué sorpresa les podría tender, bajando más de 450 metros en solo unos minutos.

Al amanecer, tras una noche en que Shackleton no dejó ni a Worsley y Crean más de 5 minutos seguidos por miedo a quedarse congelados in situ, por fin la tenían frente a sus propios ojos: la Bahía Stromness, donde estaba la ballenera. A las 7 de la mañana en punto, escucharon el primer sonido que les confirmaba lo que sucedía: el silbato de vapor de la estación llamaba a todos los hombres -¡seres humanos!- a la faena.

Tardaron 8 horas en cubrir el último trecho de 20 kilómetros para llegar a la ballenera, a la cual llegaron tras 36 horas a la intemperie, y tras haber hecho el primer cruce -prácticamente a ciegas- de la Georgia del Sur.

Anterior: Retratos de Shackleton, Frank Worsley y Tom Crean | Actual: Frank Worsley y Lionel Greenstreet mirando el puerto de Georgia del Sur. FUENTE: atlasgallery.com

Estaba finalizando mayo, y no sería hasta agosto que Shackleton y toda su tripulación fueran rescatados por la heróica acción de Luis Pardo al mando del Yelcho. Meses de aventuras aún les esperaban para dar con aquel momento, uno que opacaría con su fulgor al resto de capítulos de esta historia, pero no hay que olvidarlo:

El cruce de la isla Georgia del Sur por parte de Ernest Shackleton, Frank Worsley y Thomas Crean es un capítulo muy especial en toda esta épica moderna: un cruce exploratorio por territorios desconocidos, haciendo uso de los artilugios mentales más improbables, cuando ya venían físicamente destrozados. Un cruce hecho con una cantidad de equipo y provisiones mínimo, que incluso podemos catalogar como hecho en estilo alpino, salvo una diferencia: el único móvil era sobrevivir. Nunca hubo espacio para romanticismo alguno.


 FUENTES


Deja un comentario