DONDE ME SIENTO VIVO: EL APORTE DE MATIAS RIVAS AL ANÁLISIS DE MHOR

Benja Pellegrin M. | Mario Maturana Cañoles | Revisado por Francisca Bustos Vallejos 16 AGO 2024


Juan Pablo Mhor en la cumbre del Everest sin uso de O2 suplementario (2019).
Fuente: cumbresmountainmagazine.com

El 16 de enero del 2022 una triste noticia invadía la cotidianeidad de Chile pues se anunciaba la muerte de Sergi Mingote (49), y quienes seguíamos su carrera sabíamos que era de los duros del ochomilismo por su estilo alpino sin O2 suplementario. Y fue desconcertante debido a las condiciones del accidente, ya que sucedió en una de las rondas de aclimatación y alrededor del C1.

Ha partido uno de los grandes y por una situación que por lejos parece injusta. Las miradas se tornaron hacia JP Mhor, único representante chileno en una de las apuestas más buscadas en la era reciente del ochomilismo invernal. ¿Qué hará?, total expectación. Recuerdo haber consultado ¿qué harías si en tu primer intento invernal tu experimentado compañero de cordada muere?, ¿sigues o replanteas la estrategia?. Imaginen el peso de comunicar esta noticia a su familia, algo desconcertante. 

Cuando la respuesta pública de Mhor fue “lo haremos por Sergi, como a él le hubiese gustado” se disparó una alerta para varios. En ese momento, no sabía cuán real era el motor de la emocionalidad ¿superaba lo racional?, ¿era una manera de dar respuesta a los patrocinadores? o simplemente se sentía tremendamente fuerte y capaz de realizar el objetivo sin ayuda de nadie. 

Se comienza a gestar un escenario particular en la expedición invernal a nivel general. Paralelo al fatídico accidente de Sergi la cumbre del K2 fue alcanzada por los nepaleses, y con esto se incrementó la intención de retirarse luego de conquistar el objetivo. 

Posterior a la desaparición de Mhor, Sadpara y Snorri, los rumores se esparcieron rápido. ¿Cuál fue la responsabilidad de Seven summits treks en esto?, claro más allá de la decisión de los escaladores, sino en el ámbito logístico en un colapsado C3 y un inexistente C4. Los protagonistas daban sus versiones. “Pienso que el hecho de que los nepalíes pudieron alcanzar la cima desde el C3 y volver, pudo hacer creer a los demás que esa estrategia era viable”, agregó Lunger en entrevista a La Tercera. 

La noticia cubre de luto a Chile ya que aparece en todos los medios de prensa con los mismos títulos predeterminados a los que nos tienen acostumbrados “continúa la intensa búsqueda del chileno extraviado”. Es tema de conversación general, surgen cientos de improvisados analistas, opinología sin fundamento, algunos emiten juicios de valor y otros simplemente se unen en cadenas de oración con firme esperanza. Hay convulsión, dolor y desconocimiento, así estaba la subjetividad del momento. Aparecen en televisión los reales expertos y con franca honestidad sentencian “en esas condiciones (invierno) y a esa altitud es imposible que estén vivos”. Hablan con la verdad y la vivencia de por medio.

Cuando esto sucedió, si una cosa era evidente es que más allá del nicho de montañismo, nadie podía dimensionar la apuesta invernal que estaba librando Mhor. Y eso cobra relevancia porque como menciona Matías Rivas Aylwin en su prólogo, fue una de las causas que lo llevó a escribir “Donde me siento Vivo, los ochomiles de Juan Pablo Mhor”, una clara intención de reconstruir su historia y resolver sus propias dudas sobre sus hitos y decisiones.

Fotograma extraído de la GoPro de Jhon Snorri recuperada por Sajid Sadpara al localizar sus cuerpos.
Fuente: Elia Saikaly

Luego de la desaparición en el K2 y tras la recuperación de sus cuerpos no había escenario, ni antes ni después para un análisis más acabado del estilo de Mohr y sobre todo de las decisiones que lo llevaron a su deceso. No estaban las condiciones objetivas ni subjetivas para lanzar premisas. El tema aún estaba rodeado de frustración e incógnitas, sobre todo para sus familiares y amigos. Simplemente el horno no estaba para bollos.

Con la reconstrucción de los hechos nos percatamos de algunas señales, hubo una avalancha en el Annapurna que puso a prueba su tenacidad, hubo llamados de atención de sus colegas más experimentados, hubo quienes no siguieron su ímpetu y lo frenaron, hubo varios a quienes dejó atrás por no seguir su ritmo, así como también el testeo de sucesivas cordadas. ¿Se comenzaba a formar un patrón?, ¿se habría cuestionado un estilo más solitario sin que lo retrasaran?, y lo más importante ¿hasta dónde podía resistir esa fórmula?

Así, el libro de Rivas Aylwin cobra total importancia, porque se convierte en punta de lanza para las reflexiones del mañana. Viene a llenar ese vacío incómodo en el que nadie decía nada, no se podía cuestionar sus decisiones ni la responsabilidad de los nepaleses o interpretar las alertas previas. Sí, se estudiaron las causas del accidente, hubo muchas entrevistas o notas, pero al intentar plantear algo de Mhor en el K2, generalmente se escuchaba un desaliñado “grande, era una máquina”. 

Pero hay que ser justos: los resultados hablan por sí solos. Mhor pasa a la historia como el más reciente exponente nacional del ochomilismo sin O2 suplementario, con cinco cumbres en su haber, además de ser el primero en desafiar un ochomil invernal. Se convirtió en el primer chileno en alcanzar la cumbre del Everest sin botellas de oxígeno y en el más rápido en encadenar las cimas de Lhotse/Everest sin descender al CB, completando 6 días y 20 horas de ejecución. Algo realmente excepcional en la historia del montañismo nacional.

El libro Donde me siento vivo, los ochomiles de JP Mhor de Matías Rivas Aylwin, es sin lugar a dudas un impulso hacia la bibliografía de montaña y el debate del montañismo chileno. Expone de manera justa y honesta los hechos gracias a las bitácoras de Mhor y los relatos de sus colegas, dejando la posibilidad de sacar conclusiones propias en los eventos previos y durante el K2.

Algo que gatilló esta columna fue un comentario que escuché en un seminario de montaña: “Mhor es muy fuerte, pero no puede seguir haciendo las cosas así; no todo puede ser a ñeque”. Es por ello que la recopilación histórica cobra relevancia, de este y otros hitos de montañismo chileno, porque, más allá de las opiniones, tenemos algo objetivo de lo cual anclarnos para plantear una postura.

Hoy es relevante reconocer lo inédito de las apuestas de Mhor. Si hablamos de ochomilismo chileno y comparamos su ascenso al Everest sin O² suplementario con la apuesta colectiva del 92, tenemos casi 30 años de diferencia, lo que demuestra que, sin lugar a dudas, vino a dinamizar la escena. Por otro lado, debemos elaborar precedentes que lleven a las nuevas camadas a identificar el camino correcto para un estilo que no actúe sobre la inmediatez y la fama por sobre la propia vida, un desafío, por cierto, muy generacional. Como relata Matías Rivas, Carlos Soria se enfrenta a un obstinado J.P. Mhor en Dhaulagiri y le dice: «Hostia… ¡pero si les quedan muchos años! ¡Cómo se van a perder ahora!». Era la experiencia en persona; era momento de reconocer la derrota y simplemente volver a casa.


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