WANDA RUTKIEWICZ – LADIES HIMALAYA EXPEDITION (1975) EL SABOR AMARGO DE LA VICTORIA

Equipo editorial Piolet Andino | 4 MARZO 2024


“La expedición tenía que salir bien por varios motivos –diría después Wanda sobre los Gasherbrum, que por entonces quería abrir camino en las montañas a las mujeres polacas–. Tras la muerte de las ocho alpinistas soviéticas en el Pamir, el alpinismo femenino en la Unión Soviética realmente terminó. Para generar confianza y fe en la independencia de las mujeres en la montaña había que conseguir que la expedición saliera bien. Era necesario tener éxito”. (Kamińska, 2020)


Retrato de Wanda Rutkiewicz. Fuente: Desconocida

El 04 de febrero de 1943 nació Wanda Rutkiewicz, en realidad Wanda Halina Blaszkiewicz, la mejor alpinista polaca de la historia. Después de la Segunda Guerra Mundial, la URSS anexó Lituania, razón por la que su familia se trasladó a Breslavia, Polonia. Tuvo una infancia dolorosa, marcada por un país arrasado por los alemanes, la era soviética, la muerte de su hermano mientras manipulaba una granada y el asesinato de su padre, entre otros episodios. Desde pequeña se hizo responsable de sus demás hermanos y de su hogar, pero siempre estuvo a la altura de las exigencias y quiso demostrar que era la mejor en lo que hacía, uno de sus motores constantes en su vida. Mujer de carácter único, no estuvo ajena a papeles protagónicos como en el k2 y Everest, revolucionando con su mirada vanguardista el montañismo femenino de la época. 

Es 1974 y el alpinismo está en pleno auge en la URSS hasta la trágica muerte de las “hermanas de altura”, un grupo de alpinistas rusas que hacían expediciones femeninas en alta montaña. Ocho de sus mejores escaladoras pierden la vida en Pico Lenin (7.134 m), mientras en simultáneo Wanda intentaba la cima del Korzhenevskaya (7105 m.), pero desiste debido a un edema pulmonar. En la bajada, una de sus compañeras, Ewa Marczak pierde la vida. Al llegar al campo base se entera de la tragedia en Pico Lenin.

Wanda recordaba que las alpinistas de la URSS le contaron que, cuando estaban llegando a la cima del Korzhenevskaya, se pusieron a llorar y a discutir sobre quién debía poner el pie primero en la cumbre. Cada una señalaba a la otra, y no a sí misma. Al final se abrazaron y lo hicieron juntas. Fue tan conmovedoramente sentimental –Recordaba Wanda, que siempre admiró a estas montañeras–. Las rusas eran geniales, con sus gestos espontáneos, siempre dispuestas a darlo todo por los demás. Hacían lo que fuera por sus amigos (Kamińska, 2020). Con la muerte de las ocho alpinistas se termina la era del alpinismo femenino soviético.

Debido al proceso de recuperación de su edema pulmonar, Wanda no es considerada para las futuras expediciones y decide tomar cartas en el asunto. Inicia los preparativos de una expedición nacional polaca femenina a la cordillera del Karakórum en donde el objetivo será el Gasherbrum III (7.952 m) puramente femenino. La Asociación de Alpinismo de Polonia (PZA) acepta la propuesta, pero decide incluir hombres en la expedición, oficialmente para dar apoyo a las deportistas en un país musulmán, extraoficialmente porque no consiguieron el permiso para el Gasherbrum II (8.035 m) en su propia expedición masculina.

El 17 de abril de 1975, celebrado como Año Internacional de la Mujer, el camión de LADIES HIMALAYA EXPEDITION sale rumbo al Karakórum con Wanda como líder de la empresa junto a Alison Chadwick, Alicja Bednarz, Halina Krüger, Anna Okopinska, Anna Czerwinska, la doctora Maria Mitkiewicz y Krystyna Palmowska. Ésta fue la primera gran expedición polaca de alta montaña tras la guerra.

Foto de la expedición Ladies Himalaya Expedition de 1975. Fuente: Colección Anna Okopinska.

“La expedición tenía que salir bien por varios motivos –diría después Wanda sobre los Gasherbrum, que por entonces quería abrir camino en las montañas a las mujeres polacas–. Tras la muerte de las ocho alpinistas soviéticas en el Pamir, el alpinismo femenino en la Unión Soviética realmente terminó. Para generar confianza y fe en la independencia de las mujeres en la montaña había que conseguir que la expedición saliera bien. Era necesario tener éxito” (Kamińska, 2020). Y asumió la responsabilidad de volver victoriosa de aquel viaje.

Como describe Jorge Jimenez Ríos, los logros en la expedición fueron constantes, la cordada masculina Cichy, Onyszkiewicz y Zdzitowiecki logran la tercera ascensión absoluta del Gasherbrum II el 1 de agosto, trazando 500 nuevos metros por la vertiente noroeste. La cuarta ascensión de la montaña llega sólo una semana más tarde, firmada por Janas, Lapinski y Wozniak a través de la ruta original austríaca. Wanda decide entonces lanzar el ataque al GIII, cambiando su opinión en el último momento e incluyendo a varios de sus compañeros masculinos para apoyar la ascensión, algo que por otra parte llevaban haciendo desde el principio, ayudando en la instalación de los campamentos y las cuerdas fijas. Este cambio en la dirección de la expedición enfureció a varias de sus compañeras, entre ellas Okopinska y Krüger, que abandonan los planes del GIII y comienzan a fraguar su propia aspiración en aquel macizo de paredes fascinantes.

Sólo un día después del triunfo en el Gasherbrum III, Anna Okopinska y Halina Krüger recorrían la arista definitiva del GII, llegando a la cima por la ruta austríaca. Se convertían así en las primeras europeas en ascender una montaña de ocho mil metros, la primera vez que una mujer lo conseguía sin usar oxígeno suplementario y en las primeras en protagonizar una ascensión semejante en una cordada íntegramente femenina.

Okopinska afirma “paradójicamente, nuestra expedición femenina en el GII atrajo mucha más atención que la conquista del Gasherbrum III por parte de Wanda. Y eso selló nuestro destino» (Jiménez, 2019).

Okopinska y Kruger tras descender del GII. Fuente: Colección Anna Okopinska.

La prensa la catalogó como una expedición exitosa debido a sus resultados, sin embargo, todo se logró en un ambiente conflictivo, tanto en el desarrollo de la expedición como a su llegada a Polonia. Y es que, finalmente, el ascenso de Wanda al GIII se llevó todas las miradas de los medios por sobre la llegada de Anna y Halina a una montaña de ocho mil metros. Esto acrecentó las rivalidades o resquemores internos que se venían desarrollando desde el inicio de la empresa. 

Uno de los nudos fue la decisión de Wanda de llevar a cabo un ataque a la cumbre inexplorada del GIII en cordada mixta y no puramente femenina, algo que, según otras integrantes del equipo, forzó desde un inicio. Más tarde, Wanda aclaró a la prensa: “vista la previsión del día anterior tenía miedo de que el tiempo se estropeara (…). Si nos teníamos que volver a dar la vuelta no creía que fuéramos a tener las fuerzas físicas, y sobre todo mentales, para volver a acometer un nuevo intento”. Y agregó: “Ansiaba que aquel éxito fuera solo de mujeres, pero desistí en el momento en que vi que el mantener ese deseo podría comprometer las opciones de alcanzar la cima” (Kamińska, 2020).

La forma en cómo tomó las decisiones, su obstinación en algunos puntos, en cómo determinó la prioridad de los objetivos y los espacios para plantear inquietudes, llevaron el ambiente hasta un punto de ebullición, título del documental (Temperatura Wrzenia, 1976) dirigido por Andrzej Zajaczkowski, que registró el ambiente al interior de campo base y que vendría a avivar el debate sobre su forma de guiar esta apuesta.

Este ambiente hostil llevó a Wanda a comportarse más como una jefa que como una líder de equipo. A algunas alpinistas les sorprendería cómo cambió su actitud, tomó distancia y consultó selectivamente sobre lo que se debía hacer, aun cuando varias venían del mismo club y sostenían amistad desde años. 

Para sus cercanos, todo este ambiente enrarecido en el campo base, se debió a que era su primera vez liderando una expedición internacional y de estas características, una inexperiencia culposa, sumado a toda la carga objetiva y subjetiva que llevaba conseguir el éxito o volver con una derrota para las mujeres y Polonia. Otros consideraron racional su forma de utilizar “elementos” en función de la tarea, desechando a quienes tenían menos posibilidad, designando a quienes porteaban, quienes eran relegados por no hacer las tareas con ahínco, realizar una intentona mixta, etc. Más tarde Wanda daría una respuesta certera ante esta polémica, “(…) dirigir una expedición a un ochomil no es una democracia, no se puede considerar la opinión de 20 personas”.  

Alison Chadwick, Wanda Rutkiewicz y K. Zdzitwiecki en la cumbre del G. III. Fuente: Janusz Oniszkiewicz.

Años después de la expedición a los Gasherbrum, Wanda Rutkiewicz afirmará que el éxito de aquella expedición fue para ella “el sabor amargo de la victoria”.

Toda esta polémica mediática la posicionó como un referente, dotado de un fuerte carácter, un personaje obstinado, pero un referente, al fin y al cabo, a nivel femenino y nacional. Comienza a darse una situación que llamaremos “efecto Wanda”, generando adherentes y detractores en su forma de hacer las cosas, pero también en su estilo de vida. Con esta experiencia está a un paso de ser, de ahora en adelante, un personaje público en Polonia, ya que en 1978 se convierte en la primera persona de esa nacionalidad en alcanzar el Everest. Polémico o no, estos hitos serán hechos innegables de su determinación.

En esta primera parte, revisamos su relación y contexto con las alpinistas soviéticas debido a su impronta y el vacío que dejan al ser vanguardia femenina. Nos centramos en Ladies Himalaya Expedition como su apuesta de potenciar el alpinismo femenino polaco y su experiencia en el ejercicio del mando, porque creemos que cada uno de estos puntos conforman, objetiva y subjetivamente el posicionamiento y proyección de su estilo. Por una parte, absorbe la carga valórica de las soviéticas, sello que más adelante siempre pondría en evidencia ante el individualismo de otros deportistas, criticando el egocentrismo y la fama forzada. Por otro lado, la apuesta de intentar una cumbre virgen con una cordada puramente femenina en 1975 es realmente transgresora para la época, pero sumamente necesaria para promover la visibilización de las alpinistas a nivel global y demostrar la capacidad física de una mujer a ocho mil metros. Y finalmente su liderazgo en esta expedición, ya que todos estos conflictos podrían haber influido en una decisión inconsciente de desarrollar un estilo más solitario y austero, en cordadas no nacionales, mixtas, que compartían objetivos colectivos pero que a fin de cuentas terminaban siendo personales y en actividades de compromiso que casi le valieron la vida en más de una ocasión, pero alejada de rivalidades y de discusiones infértiles. 

Es en este contexto, que el jefe de expedición alemán, Karl Herrligkoffer, reconocido por su mandato estricto y asombrado por el éxito en la empresa polaca, invita a Wanda a una apuesta que planea subir el Everest para 1978. Esto será un puente directo a nuestra segunda parte, en donde ahondaremos este hito trascendente en su carrera como una de las mejores alpinistas de la historia.

Wanda habla con los medios luego de su éxito en el Everest. Fuente: Colección Wanda Rutkiewicz.

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